El opio de Marte

Jack llegaba temprano a su puesto de trabajo. Como cada día, repasaba su lista de tareas una y otra vez hasta que se decidía finalmente por preparar un café bien cargado. Nunca utilizaba el integrador de materia en el trabajo, porque eso evitaba su verdadero objetivo, distraer su mente con alguna tarea trivial y retrasar la toma de la decisión más compleja de todas: ¿Por qué tarea empezar? Por eso, en lugar de realizar un rápido gesto que resultaría en la materialización de una taza de café junto a su terminal, se levantó, acudió al comedor, y puso una vieja y oxidada cafetera italiana sobre el hornillo de camping que él mismo había comprado a los pocos meses de su incorporación en plantilla.

Esa mañana todos sus compañeros trabajaban desde casa, así que se encontraba solo en la oficina. Por un momento se planteó marcharse a su casa también, porque el ambiente productivo generado por compañeros trabajando era la única razón para no trabajar cada día desde su propia casa. Sin embargo, tenía varios familiares de visita que convertían su casa en un ambiente demasiado hostil para la productividad.

Tras el café, accedió a su blog de noticias favorito y se indignó al comprobar que había vuelto a subir el coste de la energía, por tercera vez consecutiva en sólo diez meses! Acudió a su red social preferida y añadió un enlace a la noticia, con unas palabras de desaprobación y un toque de ira. Pero la indignación no duró mucho tiempo, porque rápidamente estaba consultando la siguiente noticia, en la que Bill Steven, tras la degradación sufrida por sus constantes sobredosis, enseñaba sus nuevas pupilas, recién operadas, en exclusiva para el blog. Las nuevas pupilas, además de presentar unos encantadores reflejos azules, no cambiaban su tamaño durante las perniciosas fiestas organizadas por el propio Bill en su isla privada. Volvió a acudir a su red social una vez más y buscó reacciones a la noticia. Como siempre, algunos frikis culturetas habían puesto comentarios ofensivos acerca de la repercusión mediática de Bill.

Hasta el momento, la mañana de Jack no era tan diferente de tantas otras mañanas a lo largo del planeta. La mayoría de la población sufría mañanas similares: tenían trabajos que no les gustaban, tenían cada vez menos poder adquisitivo, y discutían sobre la vida del Steven para evadirse de sus propios problemas. Paradójicamente Bill Steven nunca había trabajado tan duro como Jack. Su mayor logro en la vida había sido tener un hijo con una famosa jugadora de curling, e interpretar cada día el papel que los guionistas de una importante cadena de televisión escribían para él.

En ocasiones, Jack y sus amigos planeaban pequeñas rebeliones contra el sistema que inevitablemente derivaban en discusiones de carácter político acerca de los dos partidos mayoritarios del planeta: los verdes y los tecnócratas. Poco más tarde, tras darse cuenta de que estaban discutiendo con amigos, olvidaban el asunto y se tomaban unos gin-beer (la bebida de moda).

Esa mañana Jack no consiguió centrarse en el trabajo y, tras tres horas de repasar sus blogs y redes sociales, empezó a pensar nuevamente sobre el coste de la energía. ¿Cómo era posible que estuviesen apretando cada vez más a la gente y no pasase nada? Cada vez se estaban volviendo más esclavos de las grandes corporaciones energéticas multiplanetarias. Era evidente que incluso el gobierno de Marte estaba controlado por estas corporaciones, al fin y al cabo controlaban un gran porcentaje de las acciones de los dos partidos mayoritarios. Decidió aprovechar su evidente falta de productividad en el trabajo para enfocar su energía hacia estos problemas y empezó a pensar qué podía hacer él para cambiar la situación.

En el siglo XXII era muy difícil conseguir algún resultado político sin partir de una cierta repercusión mediática, y la foto de Bill Steven acompañaba la definición de mediático en los diccionarios. Nada tenía más repercusión que él, salvo quizás los partidos entre el Real Mandil Club de Curling y el Curling Club La Fregona. Sin embargo, se podía conseguir buena repercusión mediática en las redes sociales si eras un buen community manager, y precísamente ese era el trabajo de Jack. Así que finalmente encontró motivación para trabajar ese día, y se marcó como objetivo organizar a la mayor cantidad de gente posible para protestar por las constantes subidas de precio de la energía. Se puso un mes como plazo para organizar una manifestación a nivel planetario, dividida por regiones.

Ese día no cumplió con ninguna de sus obligaciones laborales, pero volvió a casa muy motivado, y con ganas de continuar con su nuevo proyecto. La visita familiar no le permitió avanzar demasiado, pero tras contarles la idea, dieron a Jack su aprobación y accedieron a la red social para manifestar su apoyo.

Tras una semana, en la que Jack tuvo que compaginar su proyecto personal con su trabajo para evitar un despido muy razonable, ya tenía más de un centenar de miles de apoyos. Viendo la rapidez con que la gente de todo el planeta se apuntaba a esta iniciativa, empezó a dedicar más horas en su casa, y a una semana de la fecha límite, ya tenía un millón de apoyos de gente de todo el planeta, casi el 1% de la población de Marte! Sin duda sería todo un éxito.

Para ese momento, los medios de comunicación ya deberían haber dado cobertura a la iniciativa, sin embargo, sólo algunos medios locales con poca audiencia se habían hecho eco de la misma. Sin duda estaban siendo presionados para hacer vacío a esta iniciativa, y no alimentar a la avalancha social que estaba en marcha.

A dos días de la manifestación, cuando la cifra de apoyos rozaba los tres millones de usuarios de la red social, la cadena de televisión para la que trabajaba Bill Steven empezó a lanzar un gancho. Bill Steven y su ex-mujer cara a cara en un programa especial! Por supuesto, el horario del programa especial coincidía con la manifestación. No habían escatimado en recursos para el gancho, incluso se emitía en holográfico, y prometían no censurar la violencia explícita.

Jack no le dio demasiada importancia. Es cierto que él mismo se moría de ganas de ver el programa especial, pero su proyecto era mucho más importante, y era evidente que trataban de eclipsarlo. Se aseguró de hacer llegar ese mensaje a todos los usuarios de la red social que apoyaban la iniciativa, para que no se dejasen engañar por las artimañas de los grupos de presión.

El día por fin llegó, y Jack llegó el primero a la manifestación en Marineris, dos horas antes del comienzo de la manifestación, para recibir a todos aquellos que se adelantasen al horario. Sin embargo, sólo unas pocas personas se adelantaron al horario. A medida que se acercaba la hora, Jack se ponía más nervioso, porque había muy poca gente en la plaza frente al ministerio de energía y ciencia. Pasados quince minutos de la hora límite, Jack a penas contaba unas quinientas personas, pero según sus estimaciones, en esa región deberían asistir unas trescientas mil. Y por si fuese poco, los asistentes estaban pendientes del programa del Steven en sus dispositivos móviles. Jack les envidiaba y les odiaba por ello, a partes iguales.

El programa especial de Bill Steven obtuvo récord de audiencia, y todo continuó como siempre.

Esta es una historia inventada, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

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Acerca de Rubén L.

Software Engineer
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Una respuesta a El opio de Marte

  1. Diego dijo:

    hahaha, mola! más, más :))

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