Viaje a los EEUU de América

Acabo de regresar de un viaje de negocios a los E.E.U.U., concretamente a San Francisco. Es la primera vez en mi vida que cruzo el Océano Atlántico, así que ha sido toda una experiencia. ¡Es lo más lejos que he estado jamás de mi tierra natal! De hecho, he expandido un poquito mi mapa del mundo conocido:

Ciudades visitadas

Tengo entendido que hay más tierra, pero por ahora no he realizado una demostración empírica…

Vuelo

Ambos vuelos han sido mucho más agradables de lo que esperaba. El vuelo de Zurich a San Francisco dura unas 12 horas, mientras que el opuesto dura a penas 11 (y eso que la vuelta es cuesta arriba). En el vuelo a San Francisco no dormí nada, y no me aburrí ni un segundo. Me llevé un par de libros para leer pero no tuve mucho tiempo de utilizarlos. Volé con SWISS y además de que nos alimentaban cada pocas horas, tienen un sistema multimedia con un montón de películas interesantes y algunos capítulos sueltos de series famosas. No hay tiempo en el vuelo para consumir todo ese audiovisual, de hecho.

Otro aspecto que me sorprendió del vuelo es la comida. No voy a mentir, es comida de avión, pero sin duda la mejor comida de avión que he probado (aunque no han sido muchas, ahora eso no se estila en vuelos cortos). Además es abundante y variada. Y el helado de vainilla estaba de muerte…

En el vuelo de vuelta a Suiza intenté dormir un poco, pero algunos necesitamos posición horizontal para dormir, así que más bien descansé. Ah, y vi Thor, película entretenida (y nada más)…

Automóvil

Mi primera semana en los E.E.U.U. no me hospedé en la ciudad de San Francisco, sino en Sunnyvale. En esta ciudad existe transporte público, y es posible moverse por la zona urbana si tienes paciencia y conoces los autobuses (no  hay mucha información para turistas), pero es casi imposible salir de la ciudad sin un coche. Así que alquilé un coche para la primera semana.

Lo primero que llama la atención a cualquier europeo es la señalización. Cuando llegas a un cruce, los semáforos no están antes del cruce, sino después. En ocasiones también están antes, pero no sucede siempre. Es una buena idea, porque puedes parar pegado al cruce y no tienes que retorcer el cuello para ver el semáforo, pero resulta bastante extraño, especialmente cuando cambias de dirección y de repente te encuentras un semáforo en rojo que en realidad no es para ti. Por otra parte, también es chocante el clásico de girar a la derecha en rojo, allí siempre se puede salvo que esté señalizado en contra.

Las carreteras son gigantes, en un carril americano caben dos coches europeos perfectamente, y las autovías tienen un montón de carriles. La 101, por ejemplo, tiene 6 carriles en cada dirección! Allí sin duda se llevan los coches grandes. Lo más pequeño que pude alquiler fue un Toyota Prius…

No fue una sorpresa que el coche fuese automático, ya contaba con ello, pero fue todo un reto conducirlo, especialmente los primeros días, porque mi pie izquierdo intentaba embragar en cada semáforo, instintivamente. De hecho, el pedal de freno es tan ancho, que en un par de ocasiones lo pisé sin querer con el pié izquierdo en uno de mis impulsos para embragar, y clavé el coche en seco, para sorpresa del que venía detrás…

Lo que sí fue una sorpresa fue la arraigada cultura del automóvil que existe en ese lugar. Había leído acerca de ello, pero pensé que sería un mito. Todo está pensado para utilizar un coche, no para caminar. De hecho, es muy raro ver a gente caminando por la calle, y normalmente son vagabundos o deportistas. Hasta tal punto sucede esto que por las noches los aspersores de las zonas verdes inundan las aceras y es imposible caminar por ellas sin empaparse.  Lógicamente la situación cambió bastante cuando me desplacé al centro de San Francisco, donde es totalmente habitual caminar por la calle, aunque sólo sea porque es imposible encontrar aparcamiento.

Seguridad

Dicen que San Francisco es una de las ciudades (grandes) más seguras de los Estados Unidos. Es posible, sin embargo la sensación que transmite no es la más cómoda. Durante el día está lleno de turistas y trabajadores, y se puede pasear por la calle con bastante tranquilidad, aunque en cuanto haces algo fuera de lo común la gente te mira con desconfianza, no como un bicho raro, sino como una posible amenaza. Eso no ayuda a crear un clima de confianza, desde luego. Recuerdo por ejemplo el primer día que llegué a la ciudad y decidí comprar comida para llevar e ir a comer junto a la bahía. No sólo era el único haciendo esta operación, sino que la gente pasaba nerviosa junto al banco donde estaba sentado comiendo mi ensalada.

La situación cambia dramáticamente por la noche. Salvo que te encuentres en el distrito financiero o las zonas con alta densidad de hoteles y restaurantes, ni siquiera puedes esperar buena iluminación. A esas horas no se camina por la calle. La última noche que pasé en SF salí a bailar, y a la vuelta decidí coger un autobús para ir hasta el hotel. El camino hasta la parada del autobús fue complicado, con muy mala visibilidad y absolutamente nadie por la calle, encontrar la parada fue mucho más complicado, porque no hay marquesinas, básicamente hay una franja amarilla, en un poste de la luz, con el número del autobús que pasa por ahí en pequeño. Imposible de encontrar excepto para los que ya saben dónde está, como la isla de Muerta.

Y bueno, por desconocimiento, una de las tardes terminé en medio del Tenderloin, zona interesante de ver, desde la barrera… Básicamente los tuve de corbata los 20 minutos me llevó salir de allí. Había de todo, intenté no fijarme mucho y hacer como que nada de eso iba conmigo para evitar llamar la atención, y afortunadamente iba vestido con pintas de bastante tirado, así que no tuve problemas, pero parecía muy fácil conseguirlos en esa zona.

Pobreza

Pobres y vagabundos los hay en todo el mundo, y viniendo de España no estoy como para sorprenderme por ello. El caso es que la pobreza allí es un poco diferente, además de muy abundante. La mayoría de los vagabundos que me crucé, que no fueron pocos, se veían enfermos, algunos muy enfermos, y para esa gente ya no hay esperanza. No pueden pagar tratamientos, nadie les va a curar gratis, y es comprensible que las limosnas que consiguen se las gasten en cerveza y drogas, es lo más parecido a la anestesia que van a conocer. Uno de los vagabundos sostenía un cartel que rezaba “Why lie, I need a beer“. Supongo que con el tiempo te insensibilizas, pero es muy jodido ver esa imagen en la calle cada día y, sobre todo, saber que la sociedad no hace nada para cambiar la situación.

Variedad cultural

San Francisco destaca sin duda por la cantidad de culturas diferentes que confluyen en la ciudad, lo que se refleja especialmente en la gastronomía. Allí se pueden encontrar restaurantes de cualquier parte del mundo, y de calidad. Me sorprendió especialmente la comida japonesa, porque a diferencia de España, allí los restaurantes japoneses no son especialmente caros, aunque la calidad es muy buena.

Por desgracia no tuve mucho tiempo para disfrutar de la oferta cultural, básicamente estuve trabajando todo el tiempo salvo un fin de semana, que cubrí con las típicas actividades turísticas estándar. Sin embargo uno de los días pude entrar en una exposición de fotografía y fue una experiencia increíble. El fotógrafo utilizaba cámaras clásicas de gran formato, con fuelle de acordeón, e imprimía las fotografías en cuadros gigantes a los que podías acercarte cuanto quisieses y aún seguir viendo detalle. Bastante impresionante para los que sólo conocemos la fotografía digital…

Jet lag

Es mi primer vuelo transcontinental, y lógicamente mi primera experiencia con el Jet lag. ¡Existe! Y en ambas direcciones es un coñazo. Cuando volé hacia SF, mi cuerpo estaba acostumbrado a acostarse más temprano (hora europea), así que a las 4 de la tarde empezaba a tener mucho sueño. Hasta cierto punto es la situación más fácil de llevar de las dos, porque puedes mantenerte despierto, pero el problema es que tu reloj biológico está acostumbrado a levantarte más temprano, así que a partir de las 2 de la madrugada empieza a darte la alarma cada hora, y el sueño es bastante poco reparador.

La dirección de vuelta a priori parece más sencilla, al fin y al cabo tu cuerpo está acostumbrado a dormir más tarde, así que hasta la noche no tienes sueño. El problema es que cuando llega la noche sigues sin tener sueño, y cuando dan las 4 de la madrugada sigues sin tenerlo, y a las 8 de la madrugada (las 11 de la noche en SF) empiezas a tener algo de sueño y suena el despertador… ¡A trabajar! ¡Dormir es de cobardes! A mi me costó un par de días conseguir empezar a dormir a una hora normal, y todavía me levanto con la sensación de no haber dormido suficiente…

Globalmente ha sido una experiencia muy enriquecedora, y aunque al final, igual que tras una noche de juerga, viene la resaca, creo que merece la pena volver allí de visita con más tiempo libre.

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Acerca de Rubén L.

Software Engineer
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Una respuesta a Viaje a los EEUU de América

  1. Lucía dijo:

    Jaja, yo creo que engordé un kilo volando con swiss 😀

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